Reflexión Final
Los docentes en su práctica cotidiana, explícita o implícitamente adhieren a alguna teoría. Saber teorías no asegura ser un buen docente, pues es necesario llevarlas a la práctica, y adaptarlas a cada grupo de alumnos, y a cada uno de ellos en particular.
Debemos tener en cuenta que las teorías pueden estar equivocadas, que pueden estar mal aplicadas o no ser las adecuadas para ese contexto. Si bien es importante conocerlas, no debemos dejar de evaluar si son las que necesitamos para el objetivo propuesto. Por eso, un buen docente debe conocerlas, pero también debe usar su propia experiencia, su lógica y su sentido común, para verificar, tras su aplicación, si conviene seguir en esa dirección o intentar probar con otra teoría.
¿Sirve entonces que los docentes conozcan y apliquen teorías educativas? Por supuesto. Pero no a ciegas. Debe monitorear los procesos y los resultados y de acuerdo a ello decidir si la sigue aplicando o elije otra, o las combina. La labor docente no es mecánica ni una mera aplicación de teorías a la práctica áulica, es un pensar y repensar constante, un desafío que no se resuelve con fórmulas mágicas, sino con paciencia, diálogo, empatía, ganas, conocimiento y esfuerzo.